El espectador es el héroe del viaje de los signos cuya meta es devolver el don que le ha sido concedido. Ese don consiste en los textos e imágenes que recibe de los medios y el final del viaje es el conocimiento del autor para apoderarse de la fuente del don. El autor es el otro. El espectador fracasará en su misión, puesto que si logra la identidad de autor, morirá en cuanto espectador. Esta barrera de transversalidad, de impedimento de la metamorfosis o mediamorfosis entre espectador y autor, es al mismo tiempo la energía que mueve al espectador para sobrevivir en el mundo de los medios. La pregunta que ha de hacerse es ¿cuál es la fuerza que sostiene al espectador para interactuar con los medios? Si esa fuerza consiste en un don, como en los cuentos maravillosos y las mitologías heroícas, ¿cuál es la fuerza que sostiene a ese don, que hace del espectador un permanente receptor? Ese don es  la actualidad , para poder atraer al espectador, pero ¿cómo puede ser siempre actualidad  un medio o un contenido? ¿Qué relación hay entre la actualidad  y lo antiguo, entre un género o contenido nuevo y su precedente? Si nada sale de la nada, ¿cómo se reconoce lo nuevo de lo antiguo? ¿Cómo se establece el valor de lo nuevo?


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